Somos un “pueblo enviado” que responde al llamado de Cristo y es capacitado por el Espíritu Santo para ir al mundo, a testificar del señorío de Cristo y participar con Dios en la edificación de la iglesia y la extensión de su reino (2 Corintios 6:1). Nuestra misión
a) principia en la adoración,
b) ministra al mundo en el evangelismo y la compasión,
c) anima a los creyentes a la madurez cristiana a través del discipulado, y
d) prepara a mujeres y hombres para el servicio cristiano a través de la educación cristiana superior.